Epopeya de Edipo de Tebas
Al ver a una esfinge planteando un dilema, huidle al problema cambiando de tema.
“Ficha Técnica
Créditos
Estreno: Café concert La Cebolla, Buenos Aires, 26 de noviembre de 1969
Espectáculo 'Querida condesa'
Discos: CD 1 (Sonamos pese a todo); CD 11 (Muchas gracias Mastropiero)
Reparto
Narrador: M. Mundstock
Músicos: Ernesto Acher: flauta dulce contralto; Carlos López Puccio: cellato; Jorge Maronna: guitarra; Carlos Núñez Cortés: crótalos; Daniel Rabinovich: flauta dulce tenor
Cantantes solistas: Marcos Mundstock: cantante solista
Coro: Ernesto Acher, Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich
De la Carpeta Roja
Durante su estadía en Viena, Mastropiero se enamoró de la archiduquesa Úrsula von Zaubergeige. Johann Sebastian descubrió que la exuberante archiduquesa le recordaba a la condesa Shortshot, por una parte, y a su propia madre, también por esa parte. Preocupado, sintió una irrefrenable necesidad de hurgar en el tema. Supo entonces que el complejo de Edipo se origina en la atracción del hijo varón hacia su madre mujer o, a la inversa, de la hija mujer hacia su madre varón o, más a la inversa todavía, del hijo varón hacia un primo lejano. Lo impresionó especialmente el libro 'El complejo de Edipo en los ovinos, o la madre del borrego'. Resultado de estas experiencias fue la composición de su 'Epopeya de Edipo de Tebas'.
Parodia del mito de Edipo y el complejo psicoanalítico, estructurada como un cantar de gesta medieval con atmósfera de balada escandinava.
Allá por 1969 Marcos alquilaba un minúsculo departamento en la calle 25 de Mayo. Solía visitarlo para charlar, tomar mate y hacer algo de música. Un día descubrí en su biblioteca un pequeño libro titulado 'Los humoristas y el psicoanálisis'. Me sorprendí al encontrar en una de sus páginas un poema de Marcos sobre el mito de Edipo, escrito en versos de arte menor. El texto me cautivó de inmediato. Por esos tiempos yo escuchaba un disco de baladas medievales suecas llamado 'Skillingtryck' de Sven-Bertil Taube. Cuando leí el poema de Marcos, me resonaron esos sonidos. Me senté al piano y me puse a improvisar; la canción me brotó naturalmente como si ya hubiera estado compuesta. Un arreglo para dos flautas dulces, guitarra, viola da gamba y un trío vocal que acompañaba al solista terminó por darle a la epopeya la adecuada atmósfera medieval.