Concierto de Mpkstroff
Allegro pericoloso, conserve su mano al cruzar.
“Ficha Técnica
Créditos
Estreno: Teatro Astral, Buenos Aires, 29 de mayo de 1972
Espectáculo 'Recital 72'
Discos:
Reparto
Narrador: M. Mundstock
Músicos: Ernesto Acher: clarinete; Carlos López Puccio: latín y kazoo; Jorge Maronna: violata y kazoo; Gerardo Masana: tom-tom de pie y platillos; Daniel Rabinovich: bass-pipe a vara, glisófono pneumático y bocineta
De la Carpeta Roja
A continuación se podrá escuchar el 'Concierto para piano y orquesta', Opus 57, en Re menor... mayormente, del compositor eslavo Serguei Dimitri Mpkstroff. El concierto se inicia con un redoble de timbal que simboliza la irreversibilidad de los destinos humanos. Inmediatamente, una enérgica llamada de los bronces sugiere que en realidad nada es irreversible, y mucho menos los destinos humanos. Esta contradicción conduce a la entrada del solista, quien ejecuta arpegios descendentes en los que el autor intenta representar la desprotección del hombre... y no lo logra. Luego aparece el fragmento de mayor dificultad: 'Allegro pericoloso, conserve su mano al cruzar'. Sobre el solista: Realizó... estudios.
Parodia de los grandes conciertos románticos para piano donde el solista despliega un virtuosismo exagerado y cliches gestuales, culminando en un final acrobático.
Muchas veces confesé que entré a Les Luthiers gracias a mis dotes pianísticas. Gerardo Masana, orgulloso de los conciertos que yo daba (Beethoven, Mendelssohn, Shostakóvich), me propuso escribir una parodia. Carlos López Puccio, recién incorporado, se ofreció para bosquejar la obra para instrumentos informales, dejándome a mí la tarea de 'vestirla' con el virtuosismo. Tuvimos que remedar una sinfónica con apenas un violín de lata, clarinete, yerbomatófono y bass-pipe.
Se estrenó el 29 de mayo de 1972 en el Teatro Astral. Poco después, el Ensemble Musical propuso un espectáculo sinfónico conjunto. Pucho hizo un soberbio arreglo orquestal y el 6 de noviembre de 1972 nos presentamos en el teatro Ópera. Disfruté muchísimo la parte donde se parafrasea a Rachmaninoff. El final, rapidísimo, culminaba cuando al acabarse el teclado me caía de la banqueta dando una voltereta en el aire. Esa noche una dama me dijo a la salida: 'Joven, usted a mí no me engaña, usted estudió piano'. Y sí.